Fertilizantes Y Abonos TradiRED - TROFOBIOSIS, sistemas de defensa. Esquema.

TROFOBIOSIS y EFECTO TRI-TROFICO: La fertilización en los mecanismos de autodefensa frente a plagas y enfermedades

La fertilización es una técnica compleja que incide en la producción, en la calidad y conservación de la fracción comestible y en la resistencia del cultivo a plagas y enfermedades. Una fertilización equilibrada limita el uso de pesticidas en beneficio del medio ambiente y de la cuenta de resultados del agricultor.
Consciente de la importancia de la fertilización en los procesos de autodefensa, TradiRED S.L. ha desarrollado una gama de ecoproductos que, a través del aporte de materia orgánica parcialmente humificada (COMPOST en formato polvo o pellet), de Si soluble + K (LITOTEK) o de la combinación de ambos elementos con ácidos húmicos (HUMOLIK), activan la síntesis proteica reduciendo los niveles de aminoácidos libres y de azúcares reductores en la savia. La escasez de estos nutrientes, de acuerdo con la teoría de la TROFOBIOSIS, dificulta la progresión de enfermedades y plagas.

La teoría de la TROFOBIOSIS, enunciada en 1969 por el científico francés Francis Chaboussou, se basa en la idea de que un ser vivo sólo sobrevive cuando dispone del alimento adecuado y concluye que las plantas sólo serán atacadas por insectos, ácaros, nematodos y microorganismos cuando su savia contenga el alimento que éstos precisan para su supervivencia.
La mayor sensibilidad de una planta a plagas y enfermedades es consecuencia de la interrupción de los procesos de síntesis, principalmente de la síntesis de proteínas, que provoca que se acumulen y circulen en el tejido vegetal compuestos nitrogenados, aminoácidos libres y azúcares solubles, los cuales constituyen la fuente de nutrientes de los comensales. En general todos ellos carecen de las enzimas necesarias para fragmentar moléculas complejas por lo que precisan ingerir los sillares o constituyentes (aminoácidos, azúcares sencillos) indispensables para elaborar sus propias estructuras poliméricas (proteínas, quitina, etc.).

Las plantas además de sus biomoléculas esenciales para crecer, producen otros metabolitos llamados “secundarios” encargados de su defensa y comunicación con los organismos con los que interactúan. En el caso de la defensa bioquímica inducida, las células y tejidos vegetales responden -después de haber sido estimulados por microorganismos o haber sufrido daños causados por agentes químicos o mecánicos- a través de reacciones bioquímicas que buscan aislar al agente causal y sanar la zona afectada. Dichas reacciones pueden conllevar la producción de sustancias fungitóxicas en torno a la zona dañada, la formación de callos y corcho o de agentes químicos capaces de inhibir el crecimiento y desarrollo de microorganismos; estos incluyen a la mayoría de los compuestos fenólicos, tales como los ácidos clorogénico y caféico, a los productos de oxidación de los compuestos fenólicos y a las fitoalexinas, las cuales son también, en su mayoría, compuestos fenólicos.

La teoría expuesta por Chaboussou defiende que la vulnerabilidad de las plantas se debe a un desequilibrio nutricional que provoca la inhibición o el retardo de la síntesis proteica o proteosíntesis y que, en consecuencia, propicia la acumulación de aminoácidos. La planta equilibrada, ya sea porque se encuentra en crecimiento vigoroso o en descanso hibernal o estival, no es nutritiva para estos parásitos oportunistas.

Los desequilibrios nutricionales se producen de forma natural en determinados momentos de la vida de las plantas (germinación de las semillas, inicio de floración, fructificación, senectud, conservación post-cosecha inadecuada), bajo condiciones climáticas adversas (limitada o excesiva luminosidad, exceso o defecto de agua, vientos fuertes), como consecuencia de podas mal ejecutadas que desequilibran la relación carbono/nitrógeno, en suelos pobres en materia orgánica o con escasa actividad microbiana y también cuando los cultivos se someten a pesticidas o a un aporte excesivo de abonos nitrogenados solubles. El exceso de fertilización nitrogenada no sólo predispone las plantas al ataque de insectos chupadores, que buscan aminoácidos libres , sino que además reduce la producción de compuestos fenólicos (fungistáticos) y de lignina de las hojas.

Para evitar y, cuando se producen, corregir los desequilibrios nutricionales, activando la proteosíntesis y la síntesis de fenoles, es conveniente abonar el suelo con materia orgánica, preferentemente con compost. El compost es obtenido de manera natural por descomposición aeróbica acelerada y dirigida de residuos orgánicos como restos vegetales y animales, excrementos y purines por medio de macro y microorganismos (bacterias, hongos y actinomicetos).
El compost proporciona a las tierras a las que se aplica prácticamente los mismos efectos beneficiosos que el humus para una tierra natural: aumenta la población de lombrices y de microorganismos benéficos tales como las micorrizas que facilitan la aireación de las raíces, el almacenamiento de agua , la solubilización y retención de nutrientes y su aprovechamiento.

Asimismo y en relación a la teoría de la Trofobiosis, los aportes de potasio (K) y silicio (Si) soluble tienen un efecto positivo en los procesos de síntesis y de autodefensa de las plantas.
El K es un nutriente esencial, requerido en grandes cantidades para el crecimiento y la reproducción de las plantas. Su principal función es la de osmorregulador e interviene en el mantenimiento de la turgencia celular, en la apertura y cierre estomático, así como en las nastias y tactismos. Las plantas con un suministro adecuado de K presentan una mayor resistencia a la sequía, a las heladas y a las enfermedades.
A su vez, el K también interviene en distintos procesos metabólicos fundamentales tales como la respiración y la fotosíntesis, la síntesis de proteínas y de almidón, la activación de numerosas enzimas y es esencial para la producción de ATP. La deficiencia de K provoca acumulación de aminoácidos (que contribuyen a la degradación de los fenoles) y retarda la cicatrización de heridas, lo cual favorece la penetración de los patógenos.

Por su parte, la nutrición con Si soluble incrementa la asimilación de CO2 durante la fotosíntesis al inducir una mayor producción de clorofila y de la enzima RUBISCO que regula la captura de CO2 y promueve su uso eficiente en las plantas, potenciando la capacidad de almacenamiento de carbohidratos, esenciales para el crecimiento y la producción de cosecha. El Si soluble también mejora la estructura del suelo minimizando la pérdida de nutrientes y de agua e incrementando la resistencia a la sequía. Adicionalmente, el Si soluble promueve la colonización de las raíces por microorganismos simbióticos que mejoran la fijación y la asimilación de nitrógeno y fosforo.
El Si está directamente implicado en los mecanismos de defensa de la planta. La acumulación de Si en la epidermis de la planta, en forma polimérica, orgánica y cristalina, le aporta una protección mecánica y bioquímica, que la hace más resistente al estrés biótico y abiótico. Diversos estudios implican al Si en la llamada de auxilio de la planta hacia depredadores y parásitos de las plagas atacantes, lo que se traduce, en campo, en un mayor control biológico. La intensificación de la llamada de auxilio de la planta, creando el denominado EFECTO TRI-TROFICO, se debe a que el aporte de Si soluble eleva la producción de ácido jasmónico , que a su vez estimula la de los compuestos volátiles inducidos por el ataque del fitófago (herbívoro). En consecuencia, la nutrición con Si soluble aumenta la producción de HIPVs (Herbivore-Induced Plant Volatiles o HIPVs), es decir, la respuesta defensiva de la planta.